“Maldita felicidad”, obra escrita por Agustina Gatto, dirigida por Daniel Veronese, y protagonizada por Paola Krum y Palo Echarri, se presentó en el Teatro Municipal Coliseo Podestá de La Plata, con gran afluencia de público.

“Celeste” (Krum) y “Guido” (Osqui Guzmán), un matrimonio dueño de una pequeña editorial,  tuvieron un golpe de suerte al publicar una novela escrita por “Peter” (Echarri), que se convirtió en bestseller de la noche a la mañana. Se desviven por conservar al ahora “famoso” autor, a pesar de que se trata de un tipo manipulador, vanidoso, egocéntrico, narcisista, ampuloso, desconsiderado y –como si todo esto fuera poco- incansable bebedor. Otra editorial mucho más poderosa se lo disputa, y lo tienta con un jugoso contrato que se deberá firmar en breve. Celeste y Guido tienen que poner en marcha un plan para no perder a tan rendidor cliente.

Peter está obsesionado con un tema para su próxima novela, pero padece de un bloqueo creativo. Desea escribir sobre la felicidad, y no sabe por dónde empezar. Por eso improvisa una reunión en casa de sus editores, e invita a “Ari” (Inés Palombo), una “amigovia”, porque le intriga verla siempre contenta, satisfecha, feliz, estado que él nunca alcanza y -en el fondo- envidia.

Ese es el punto de partida de una obra que, más allá de su comicidad, bucea en un tema profundo y existencial. ¿Qué nos hace felices?  ¿Tener proyectos? ¿Concretar sueños? ¿Ser reconocidos y validados por los demás?  ¿Ser populares? ¿Tener millones de seguidores en las redes sociales y millones de dólares en el Banco? ¿Sentirnos necesarios, queridos? ¿Alcanzar el éxito? ¿Qué es el éxito, en todo caso? En definitiva, ¿qué es la felicidad? ¿Son sólo momentos? ¿Es algo efímero, fugaz? ¿Un espejismo?

En esta suerte de juego de la verdad, todos y cada uno de los participantes irá develando episodios del pasado que dejaron una huella en sus vidas. No todo es lo que parece. Todos debieron superar hechos más o menos traumáticos, digerirlos, y seguir adelante, intentando ser todo lo “felices” que pueden.

El ritmo que le imprime Daniel Veronese a su puesta es dinámico, no da respiro. El diálogo, picadito. Hay una escena cerca del desenlace, que Echarri, Guzmán y Krum juegan sin emitir ni un solo sonido, que resulta un hallazgo. Tras tanta verborragia, griterío y descontrol, el espectador aprecia este silencio preñado de contenido. Menos es más.

Un indudable acierto de la producción: convocar a la icónica y taquillera pareja Echarri-Krum, que conserva el poder de convocatoria y la popularidad, de parte de todos los que consumían sus recordados trabajos televisivos, cuando aún existía la ficción en este país. Fresca y espontánea Inés Palombo, en ese personaje a quien se le pagan mil dólares por asistir al “brainstorming” propuesto por Peter, el seductor empedernido. Subrayo especialmente la sutileza de Osqui Guzmán en la composición de Guido. Sus gestos, su mirada, su lenguaje corporal, sus pausas, sus transiciones: una verdadera Master Class.

«Maldita felicidad»: entretenida comedia que deja material para pensar, y tarea para el hogar.

Deja una respuesta