Tuve la dicha de ver “Made in Lanús” cuando se estrenó en 1986. Sus protagonistas: Marta Bianchi, Leonor Manso, Beto Brandoni y Patricio Contreras, dirigidos por Jorge Paláz. Inolvidable esta obra de Nelly Fernández Tiscornia (1928-1988) que, por distintas razones, no ha perdido un ápice de vigencia 40 años después.

Recordemos que la prolífica autora escribió también exitosos guiones para televisión: “Atreverse”, “Situación límite”, entre tantos otros. En 1987, Juan José Jusid dirigió la versión cinematográfica de la obra, que se llamó “Made in Argentina”, protagonizada por el mismo elenco teatral, más Hugo Arana, Gabriela Flores, Alejo García Pintos y Frank Vincent.

El elenco de la versión de “Made in Lanús” que vimos en el Teatro Municipal Coliseo Podestá está integrado por Malena Solda, Vanesa González, Alberto Ajaka y Esteban Meloni. Fue el último trabajo de dirección que hizo el querido actor Luis “Beto” Brandoni.

La obra se construye a partir de una situación única: el diálogo entre cuatro seres- hermanos y cuñados- que se replantean la marginación económica, la persecución y el exilio entre 1976 y 1986, englobando lo familiar, lo social y lo político.

El matrimonio de “Mabel” (González) y “Osvaldo” (Meloni), tras 10 años de ausencia, vuelven al país a visitar al “Negro” (Ajaka) y “la Yoli” (Solda). Mabel y el Negro son hermanos, y los 4, amigos de toda la vida. Mabel y Osvaldo tuvieron que huir con sus dos hijas pequeñas tras el golpe militar del ‘76, perseguidos por el poder de turno. Se instalaron en los Estados Unidos donde, con el tiempo y venciendo muchas dificultades, lograron una muy buena posición. El Negro, la Yoli y su hija “la Patri” se quedaron en Lanús, su lugar en el mundo, yugándola, peleándola, resistiendo.

Subrayo la vigencia de la obra, porque hoy en día, ya no tanto por cuestiones ideológicas sino de supervivencia, muchos jóvenes se ven casi obligados a abandonar el país, en busca de mejores oportunidades. Por eso “Made in Lanús” sigue doliendo como hace 40 años.

Mabel quedó muy resentida con todas las personas que no los ayudaron en su momento. Osvaldo siente una profunda nostalgia-casi tanguera-, y este regreso a Lanús le remueve tantísimos recuerdos. Mabel tiene un plan, compartido con su hermano, y al exponerlo se desata una polémica, el juego de la verdad de cada uno. Todos tienen algo de razón; todos tienen buenas intenciones, pero hay cosas profundas que no responden a la lógica racional, y esos argumentos irrebatibles salen de boca de la Yoli (magnífica labor de Solda). ¿Cuál es el costo de dejar la tierra de uno? ¿Cuál el precio a pagar? ¿Da lo mismo vivir donde naciste que echar raíces en un país con otro idioma, otras costumbres, otro estilo de vida? ¿Cómo se construyen vínculos nuevos de cero? ¿Cómo renunciar a los olores y sabores del propio terruño?

Los personajes de “Made in Lanús” están muy bien delineados y diferenciados. El espectador empatiza con todos y cada uno de ellos. La acción fluye aceitadamente. Uno tiene la sensación de estar espiando la charla entre cuatro personas comunes, buena gente, que están ante una encrucijada, y deben tomar una decisión trascendental.

Las cuatro interpretaciones son medulares, creíbles, verosímiles. El director alternó con equilibrio los tonos de la pieza, que combina humor y dramatismo en justas dosis. Muy atractiva la escenografía realista que aporta verdad a la puesta.

“Made in Lanús”: hoy como ayer, situaciones y contextos que nos expulsan.  

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