
Luis Cavalli (Eduardo Blanco) se ha jubilado recientemente. Ha sido un prestigioso cirujano y catedrático durante gran parte de su vida. Casado durante 40 años, acaba de enviudar. La tormenta perfecta para desencadenar un justificado bajón anímico. En un encuentro fortuito en la sala de espera de su odontóloga, conversa con otra paciente, la joven y verborrágica Miranda Delgado (Victoria Almeida), instructora de yoga, divorciada. Ambos están solos y vulnerables, necesitados de compañía. Luis comienza a tomar clases con Miranda, y- como quien no quiere la cosa, a pesar de la indisimulable diferencia de edad- surge y crece entre ellos un vínculo amoroso.
Pero no todo marcha sobre ruedas. Como muchos hombres abocados al trabajo, a la profesión, Luis ha sido un marido y un padre ausente. Su hijo (Gastón Cocchiarale) ahora se lo hace saber y se lo reprocha, además de desaprobar abiertamente su noviazgo con una chica casi 30 años menor que él. Le hace una propuesta que Luis, seguramente más por culpa que por deseo, acepta. Pero todo tiene un precio. Cumplir tardíamente con su rol de padre implica ahora renunciar a ese amor que lo rejuveneció de golpe y le dio nuevo sentido a su vida.
“Empieza con “D”, tiene 7 letras”, obra dirigida por José Campanella, escrita por él y Cecilia Monti, es una comedia romántica que gira en torno a una historia sensible. Dos seres rotos por distintas circunstancias, se encuentran en el momento justo y, sin pensar en el futuro, se aferran a esta chance de recuperar la felicidad perdida y la aprovechan. ¿Estaban pre-destinados, tal vez?
Eduardo Blanco es un actor dueño de una notable versatilidad. Siempre sorprende con sus composiciones, ricas en claroscuros y matices. Sus personajes son creíbles hasta la médula. Aquí pasa de un hombre mayor parco, introvertido, aburrido, a otro que se juega por amor, y se anima a embarcarse en un proyecto por el que vale la pena arriesgarse. Hasta su aspecto físico cambia en el proceso.
La co-protagonista, Victoria Almeida despliega un enorme abanico de recursos. Su Miranda es graciosa, chispeante, pícara, frontal, deshinibida, un torbellino que irrumpe y sacude la vida de Luis. Muy logrado contrapunto. Interesante comediante.
Gastón Cocciarale juega dos roles: el hijo de Luis y el ex marido de Miranda. Maru Zapata, la asistente de la odontóloga, compone un personaje antipático, valiéndose de pocas palabras y claros gestos.
La dirección y puesta en escena del talentoso y multifacético Campanella le imprime ritmo, humor y emoción a esta historia simple, amable, posible, que divierte y conmueve. La pieza fue muy bien recibida en el Teatro Municipal Coliseo Podestá de La Plata, donde agotó dos funciones.