por Irene Bianchi

Aquí  me pongo a cantar,
Al compás de la vigüela.
¿Consejos pa’meditar?
¡Bienvenidos a mi Escuela!

Es preciso que te rapes,
Que de naranja te vistas,
Que de tu casa te rajes,
Que no leas más revistas.
                                                                           
Hacéte vegetariano,
Fanático de la soja,
En sexo, muy puritano,
No pises la Zona Roja.

Olvidáte del alcohol,
Nada de vino y cerveza,
No te expongas mucho al sol,
Pelada tenés la cabeza.

Con pachuli, embriagáte,
Humeáte bien con incienso.
Con tu ego, amigáte.
Aunque él te diga: “¡Ni pienso!”

Acatá los mandamientos,
Dále pelota a Don Buda,
Ahuyentá los pensamientos,
No des cabida a la duda.

Poné cara de Nirvana,
Sentáte en postura de loto.
Discurseá  sobre el “sadhana”,
Aunque no entiendas un soto.

Usá lenguaje erudito:
 Zazén, Yin-Yang, Tao, Dharma.
¿Se te escapa un gasesito?
Echále la culpa al Karma. 

Hacéte el Iluminado,
Disimulá tu locura,
Fingí ser un superado
Y no un simple caradura.

Hay que saber simular,                     
Lo importante es la fachada,             
Da cátedra de meditar,                     
Aunque vos no sientas nada.

Jamás pierdas los estribos.
Nunca pierdas la chaveta.
Y no te muestres lascivo:
A no tirar la chancleta.

Avanti, hermano. No aflojes.
Vos metéle pa’delante.
Nunca, nunca te sonrojes,
Aunque te griten: “¡Farsante!”