“Una pieza de teatro documental que se cuestiona cómo se siente el género masculino en el actual momento histórico, cuando la figura del hombre está en la mira y comienza a resquebrajarse. El 98% del texto nace de una investigación antropológica basada en 50 entrevistas a hombres cisgénero en las ciudades de Buenos Aires y Barcelona, junto con los relatos de los participantes que hablan en primera persona desde su propia masculinidad. Este espectáculos no pretende dar respuestas acabadas sobre el tema, sino más bien generar disparadores e interrogantes que posibiliten pensarnos desde otros lugares sociales y posibles”.

Leo esto en la gacetilla de “No entiendo a los hombres”, pieza de la directora, actriz y Dra. en Antropología Verónica Pallini, (argentina, radicada hace 20 años en Barcelona), que fue el broche de oro del Ciclo 2025 de Teatro Independiente en la bellísima Sala China Zorrilla del emblemático Teatro Municipal Coliseo Podestá de La Plata.

Ya lo creo: “No entiendo a los hombres” cumple con creces su cometido, y genera múltiples disparadores e interrogantes. Como se dice en inglés: “food for thought”.

Cuesta creer que el elenco esté compuesto por actores no profesionales, ya que su performance resulta absolutamente verosímil y convincente. Cuatro catalanes y un argentino plantean sin pelos en la lengua la difícil tarea de deconstruirse y adaptarse a los tiempos que corren. ¿Está mal ofrecerle el asiento a una mujer? ¿O ayudarla a levantar o trasladar un objeto pesado? ¿Eso resulta insultante? ¿Implica menospreciar y subestimar al género femenino? ¿Es una muestra de “machirulez”? ¿Por qué a los hombres les cuesta tanto mostrarse sensibles, hablar de sus emociones? ¿Eso genera bullying, desprecio?

La interesantísima propuesta de Verónica Pallini, con acertadas pinceladas de humor e ironía,  cuestiona los mandatos familiares y sociales, lo políticamente correcto, la hipocresía, el doble discurso, los prejuicios, la homofobia, la violencia, esa típica tendencia a juzgar al otro, a etiquetarlo, a encasillarlo, a cancelarlo sin más. La obra nos interpela, nos inquieta, nos obliga a revisar nuestros propios conceptos y pre-conceptos. Ésa – creo-  es una de las funciones primordiales del teatro: incomodarnos, modificarnos, sacudirnos, obligarnos a repensarnos.

No se dio tras la función del jueves pasado en La Plata, pero sin duda  “No entiendo a los hombres” es una de esas propuestas que invitan a un enriquecedor diálogo a posteriori, entre el elenco, la autora y el público, en el que se intercambien opiniones sobre lo visto.

La gestación de este proyecto, a partir de entrevistas a gente del montón, me parece un mecanismo muy interesante para generar otros tantos, puesto que destilan verdad y funcionan a modo de espejo.

Hermoso cierre de la variada y ecléctica programación de la Sala China Zorrilla. ¡Por muchas propuestas más!

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