
Bienvenida a la escena independiente local una icónica obra del enorme dramaturgo Carlos Gorostiza (1920-2016), autor de memorables piezas como “El pan de la locura”, “El puente”, “¿A qué jugamos?”, “El Acompañamiento”, “Hay que apagar el fuego”, “Los prójimos”, “Matar el tiempo”, “El lugar”, “Vivir aquí”, “Aeroplanos”, entre tantísimas otras.
Gorostiza fue un verdadero renovador del teatro argentino. Impuso la necesidad de indagar e interpelar los distintos cambios sociales, en un intento de recuperar para el hombre mercantilizado los grandes ideales perdidos. Su estilo nos representa y en él nos reconocemos irremediablemente. Gorostiza se sirvió del grotesco y del absurdo para señalar la incomunicación de los seres humanos y los conflictos generacionales. Un verdadero maestro cuyas obras no han perdido ni un ápice de vigencia, razón por la cual se siguen representando y continúan convocando público.
Tal el caso de “El patio de atrás”, estrenada en 1994 en la sala “Cátulo Castillo”, dirigida por el propio autor, e interpretada por un cuarteto de lujo: Carlos Carella, Patricio Contreras, Cipe Lincovsky y Leonor Manso. Tuve la dicha de verla en La Plata cuando se presentó en nuestro emblemático Coliseo Podestá.
Cuatro hermanos conviven en el patio trasero de un caserón muy venido abajo, casi una tapera. Nada funciona: ni la radio portátil por falta de pilas, ni el televisor, ni la canilla, ni los relojes, nada de nada. Todo parece detenido en el tiempo, esperando una reparación que nunca llega ni llegará. Cada cual está enfrascado en su pequeño mundo. “La Nena” (Marina Moiso), teje cual Penélope, esperando el prometido regreso de “Tomasito”, un quinto hermano, que emigró a los Estados Unidos hace añares. “Máximo” (Fabián Martín), el hermano mayor en su silla de ruedas (que tampoco funciona), culpa a Tomasito por la muerte de su madre que falleció al darlo a luz, y no logra superar ese episodio traumático. “Clemen” (Roxana Giorno), la eterna adolescente con sus revistas viejas, cuyas plantas (y su canario) se secan irremediablemente. “Pancho” (Sebastián Petrasso), inmerso en ilusorias operaciones bursátiles, fantaseando inversiones futuras.
El afuera sólo se hace presente a través del sonido del campanario de una iglesia cercana. Cada vez que suena, ellos creen saber qué hora es, aunque en realidad, da lo mismo, no importa, nada cambia, todo sigue y seguirá igual en esa suerte de limbo, de auto-impuesto cautiverio.
Más allá de la profundidad de la temática, Gorostiza recurre al humor para matizar su planteo existencial. El patetismo de los cuatro hermanos los hace cómicos por momentos, lo cual distiende a la audiencia. Los cuatro personajes están muy bien delineados. Moiso, Giorno, Martín y Petrasso componen personajes que despiertan empatía y piedad. Pasan del desborde al recato, divierten y conmueven a la vez. Son creíbles, verosímiles, a pesar sus conductas erráticas. La ajustada dirección y puesta en escena de Gastón Lavié, alterna los climas con equilibrio, creando cierto suspenso, generando misterio con respecto al eventual desenlace. Muy ingenioso ese comienzo con el escenario completamente vacío, que el propio elenco va resignificando al incorporar los elementos que ambientan ese patio, tan agobiante como la oxidada jaulita de “Teodorito”, el pobre canario.
“El patio de atrás”, esta nueva y audaz propuesta de la compañía “La Señal”, se estrenó a sala llena en el Teatro La Lechuza, y sigue los viernes y sábados de octubre a las 21 hs. Muy recomendable.