Cristina Fernández de Kirchner habló, pero no se refirió al misterioso avión de carga tripulado por iraníes y venezolanos (según Rossi, instructores y aprendices de vuelo). Tampoco habló de la escasez de gasoil, de los camioneros que se mueren de frío esperando cargar unos litros, ni de las escuelas sin estufas, ni de los pobrísimos resultados de las Pruebas Aprender. Ni una mención a los crímenes cotidianos vinculados con el narcotráfico ni a los alarmantes índices de pobreza.No se acordó de los millones de jubilados que cobran la miserable jubilación mínima (chirolas si se comparan con la millonaria que ella percibe). Subestimándonos nuevamente, afirmó que: “La unidad del Frente de Todos nunca estuvo en discusión”, como si no supiéramos que su relación con Alberto Fernández, el Presidente que ella misma eligió y a quien no nombró durante su discurso, es todo menos armoniosa.Si tuviera que resumir en pocas palabras su alocución, estas serían: “¡Ah, pero Macri!, puesto que no se hizo cargo en ningún momento de los errores cometidos en esta gestión (la suya) y las anteriores a 2015. Si algo caracteriza al kirchnerismo es su negacionismo, su total falta de autocrítica (además de su inoperancia todo terreno, claro).Expertos en tirar la pelota afuera. Y en cuanto a la metáfora de “la lapicera”, es más que evidente que la tinta la tiene ella. Vacía, no funciona.

Diario Clarín, 22 de junio 2022

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