Qué loco, ¿no? Hace un año, en febrero de 2020, ¿quién iba a imaginar lo que hoy estamos viviendo? Se hablaba ya de un virus, pero todo sonaba lejano, foráneo, remoto, algo que ni nos rozaría. ¿Quién hubiera supuesto que viviríamos encerrados durante meses, estudiando y trabajando desde nuestras casas? Palabras como “protocolo”, “distanciamiento”, “pandemia”, “home office”, “vacuna”, “tapaboca”, “máscara”, “cuarentena”, “alcohol en gel”, “alfombra sanitizante” no formaban parte de nuestro vocabulario cotidiano. ¿Quién pensó que deberíamos cancelar viajes programados, reuniones sociales, festejos? ¿Que no nos podríamos tocar, ni abrazar, ni besar como siempre hacíamos? ¿Que ya no compartiríamos el mate, ese ritual tan argentino? ¿Quién vislumbró acaso calles y playas pobladas de hombres, mujeres y niños con barbijo? Todo muy Ray Bradbury, muy ciencia ficción, nada parecido a lo ya vivido.En un año todo cambió drásticamente en todo el mundo. Un antes y un después. Ya no volveremos a esa realidad prepandemia. Será otra y deberemos adaptarnos al nuevo estado de cosas. Ese es el desafío planetario. Ojalá estemos a la altura de las circunstancias. De lo contrario, esta dura advertencia habrá servido para nada.

Irene Bianchi para La Nación.