“El Declive”, escrita y dirigida por Nelson Valente, colmó la capacidad del Teatro “El Escape”, La Plata, el viernes pasado. Y bien que mereció esa sala llena.

 Se trata de una comedia negra que divierte y a la vez incomoda e interpela al espectador. Dos parejas de mediana edad comparten una tarde de domingo, matando el tiempo entre chismes y charlas intrascendentes, hasta que al dueño de casa – un tipo gruñón y mandón- se le salta la térmica y despotrica sin filtro contra su “amigo”, criticándolo despiadadamente porque éste, médico de profesión, admite sin cargo de conciencia que aborrece su trabajo. Eligió esa carrera tal vez por un mandato familiar, pero a esta altura de su vida confiesa que odia a sus pacientes, aborrece ir al hospital, y lo único que le da “felicidad” es irse de pesca de vez en cuando con sus amigos.

Ese disparador ocasiona una turbulencia inesperada. De pronto, se caen las máscaras, y los cuatro hablan y gritan a calzón quitado, desnudando sus emociones como nunca lo habían hecho antes. Surgen preguntas existenciales. ¿Son felices en sus relaciones de pareja, o permanecen juntos por comodidad, por conveniencia, por temor a intentar algo nuevo?  ¿Se aman o siguen por rutina? ¿Son felices como individuos con las elecciones que hicieron? ¿Desearían haber hecho otra cosa, haber sido otros, haber tenido otra vida? Dejar lo viejo es caer al vacío en un peligroso declive, bancarse la soledad, la incertidumbre, lo desconocido.

Éstos son los temas que aborda Nelson Valente, en un contexto cotidiano, de gente común y corriente, que sigue como está por inercia, sin cuestionarse nada; gente que elige permanecer en su zona de confort antes que arrancar de cero nuevamente.

Excelentes las actrices y actores del “Banfield Teatro Ensemble” (“El loco y la camisa”). Lide Uranga, la anfitriona, compone un personaje que genera enorme ternura y empatía. Sutil, ingenua, casi una niña por momentos, una mujer dominada por su marido (Enrique Amido), un hombre autoritario y machista, que será quien destape luego una olla pestilente que salpicará a todos por igual. Capo lavoro de ambos.

El amigo médico (Carlos Rozas), callado y apocado en un principio, protagoniza una feroz catarsis que dejará a todos con la boca abierta, forzando a los demás a sincerarse también. Una transición inesperada.

Silvia Villazur, la amiga, dice todo con su rica gestualidad. Menos es más. Huelgan las palabras.

Los cuatro componen un equipo compacto y homogéneo. Personifican a hombres y mujeres con quienes resulta fácil identificarse. Y la pregunta que inevitablemente surge en la cabeza del espectador es: ¿Soy verdaderamente feliz? ¿Amo a la persona con quien estoy? ¿Me arrepiento de la profesión o trabajo que elegí?  ¿Me animaría a patear el tablero y hacer lo que realmente me gusta?

Esta muy recomendable obra de Nelson Valente, con asistencia de dirección de Martha Gnarini y producción de Gabriela Ledo, seguirá en cartel en 2026 en “El Camarín de las Musas”, Mario Bravo 960, CABA.

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