“El Mago de Oz” es sin lugar a dudas un clásico inoxidable. La obra escrita en 1900 por L. Frank Baum resiste el paso del tiempo y mantiene una asombrosa vigencia. Entre otros motivos, porque gira en torno a temas esenciales y existenciales imperecederos: el valor de la amistad, del trabajo en equipo (“nadie puede solo”), el descubrir que la mayor parte de lo que buscamos frenéticamente afuera, reside en nuestro interior. ¿Cómo olvidar a esa “Dorothy Gale” interpretada por la inefable Judy Garland en cine? Sublime.

Hoy el bellísimo Teatro Nacional Cervantes se convierte por arte de magia en  la “Ciudad Esmeralda” del misterioso “Oz”. Con música original de Angel  Mahler y Martín Banchedi, dirección musical de Damián Mahler, coreografía de Vanesa García Millán y dirección general de Sebastián Irigo (asistido por Toia Béhèran y Sonia Riobo), esta versión de Marisé Monteiro del cuento de Baum cautiva a grandes y a chicos por igual, y colma desde hace meses la capacidad de esa icónica sala.

Albana Fuentes compone una “Dorothy” deliciosa. Canta como los dioses y dota a su personaje de picardía, ternura, candidez y frescura. Resulta hipnótica. Sus co-equipers, el “Espantapájaros sin cerebro” de Leo Trento, el “Hombre de Lata sin corazón” de Emiliano Larea y el “León cobarde” de Claudio Martínez Bel, tres piezas de colección. La caracterización de los tres está enriquecida por el sofisticado maquillaje, las estrambóticas máscaras, pelucas y apliques y el atractivo y variado vestuario diseñado por Sofía Di Nunzio, asistida por Camila Pizarro y Mora Pedemonti.

El resto del muy versátil y afiatado elenco se multiplica en un sinfín de coloridos y simpáticos personajes. Vanesa Butera compone dos Brujas, una buena y otra malísima. Luis Longhi es el tío Enrique de Albana y nada menos que Oz, el gran impostor. Azul Cabrera, Delfina García Escudero, Agustín Morcillo Agustín Pérez Costa, Nico Repetto, Leo Robaglio, Giuliana Tagliamonte y Fiorella Tucci Hiriart pueblan el escenario con sus “Munchines”, cuervos, monos voladores, granjeros, ciudadanos, metamorfoseándose a la velocidad de la luz.

Todos cantan, bailan, trepan, saltan, aparecen y se esfuman, en una puesta dinámica que no da respiro. La dirección vocal es de Pablo Citarella. La coreografía es de Vanesa García Millán, y su  equipo creativo está compuesto por Agustín Almirón (diseño de tap), Santiago Toledo y Fiorella Tucci.  La música en vivo es un aliado indiscutible. La orquesta está integrada por Nicolás Arroyo, Ariadna Bruschini, Martcho Mavrov, Paula Pomeraniec, Gabriel Romero y Matías Tchicourel, dirigidos por Damián Mahler. Nada enlatado, todo con seres de carne y hueso, irreemplazables por la IA. Ninguna pantallita, por sofisticada que sea, emparda la maravilla de un espectáculo teatral.

La creativa e ingeniosa escenografía diseñada por Gonzalo Córdoba Estévez, con asistencia de Uriel Cistaro, aprovecha al máximo los ricos recursos técnicos del Cervantes. Pasamos del paisaje desértico y ventoso de Kansas, al surrealista y lisérgico Reino de Oz. Las proyecciones amplifican y transforman los espacios, gracias a las artes visuales de Johanna Wilhelm y Federico Lamas, y la iluminación de Gonzalo Córdova.

El “Mago de Oz” de Marisé Monteiro es una propuesta imperdible para toda la familia, con el valor agregado de poder conocer un teatro magnífico, inspirado en el Renacimiento español, inaugurado en 1921, cuya construcción fue impulsada por la actriz María Guerrero. Una joya arquitectónica que vale la pena visitar.

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